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Por las mañanas temprano, el aroma del café, los huevos, el beicon, quizá unas galletas o unas tortitas: comida casera, sin pretensiones, pero preparada con cariño. Es parte de lo que hace que el grupo sea algo más que una simple reunión. Sentarse alrededor de una mesa, compartir una comida, contar historias, reírse... eso es lo que crea vínculos auténticos.
Es una hermandad basada en la fe, la verdad y la constancia, donde los hombres se fortalecen espiritualmente, se apoyan mutuamente en lo cotidiano y comienzan el día con los pies en la tierra, centrados en lo que realmente importa.